Desde hace ya unos años Richard Dawkins mantiene una enconada pelea contra la irracionalidad y la superstición; su lenguaje, en ocasiones demasiado vehemente, le ha granjeado no pocos enemigos y atacar su figura es algo común entre creacionistas y fanáticos religiosos
La obra que nos atañe, dirigida a un público juvenil o adulto no acostumbrado a divulgación científica, no muestra su habitual acidez en la palabra; encontramos un Dawkins mucho más calmado, más preocupado por la explicación que por el problema. Pero que no nos despiste el que no dispare con balas de cañón, sigue habiendo mucha pólvora en la idea principal del libro: es la ciencia y no la religión la que nos explica el mundo que nos rodea
Dividido en capítulos en los que aborda diversos temas: evolución, qué es el sol, el arco iris, los terremotos… comienza cada uno de ellos con el relato de uno o varios mitos que intentan explicar lo que se va a tratar, para después hacer una exposición de la explicación verdadera: la científica. La intencionalidad es clara: los mitos, aunque originales y bellos (y el autor así lo reconoce) fracasan a la hora de explicar lo que nos rodea. Se agradece la extensa recopilación de los mismos, que aporta nuevas historias a las que ya conocemos por nuestra tradición cultural ¿Acaso no son más divertidos esos primeros hombres sin rodillas y con cola de canguro de los aborígenes de Tasmania que la historia de Adán y Eva? Por otra parte esta estructura le sirve para dar una elegante bofetada a las explicaciones no racionales. El capítulo 4 “¿De qué están hechas las cosas?” en el que nos habla de moléculas y átomos no va precedido de ningún mito, simplemente porque no existen. Las historias de los libros sagrados no contienen más información sobre el mundo que la que conocían los pueblos primitivos que comenzaron a escribirlos
La obra está profusamente ilustrada por Dave McKean, prestigioso ilustrador y dibujante de cómics. Y, aunque ello nos proporciona algunas ilustraciones realmente hermosas, creo que falla en aquellos casos en que el dibujo es necesario para apoyar conceptos explicados en el libro al tratarse de una concepción más artística que científica. Con todo, dado que el objetivo es atraer a un público joven, si ello se ha conseguido bienvenido sea. No hay duda de que es una edición muy bonita
La prosa es sencilla y fácil de entender. Dawkins hace gala de la suficiente humildad para no intentar explicar aquello que él mismo reconoce no entender (por ejemplo, los quarks), y es de una claridad meridiana en los temas que sí aborda; sus ejemplos y analogías fijan el concepto de manera casi instantánea y se convierten en los mejores defensores de la idea principal del libro: que si bien nuestra imaginación puede construir hermosas historias, la realidad puede ser aun más maravillosa cuando se la conoce bien