Partiendo de un ensayo científico sobre la fauna ornitológica de Auschwitz que se publicó durante la Segunda Guerra Mundial, el escritor Arno Surminski fabula sobre como pudo haberse originado este
Hans Grote es guarda en el famoso campo de concentración, pero también es ornitólogo y desea estudiar la fauna del lugar. Habiendo conseguido permiso para realizar la investigación, escoge a Marek Rogalski, un prisionero polaco dotado para el dibujo, para que le ayude en la misma y realice las ilustraciones. A partir de aquí el libro describe diferentes salidas para realizar trabajo de campo de estos dos hombres, y aunque sea una obra de 186 páginas creo que abusa del número de las mismas pues en todas se da siempre el mismo planteamiento: el guarda centrado en su trabajo e inmune al horror que le rodea, y el prisionero preguntándose como un hombre que muestra esa sensibilidad hacia la naturaleza es tan insensible con la vida humana
De hecho, el que el ornitólogo sea el malo creo que es el mayor acierto. Recuerdo iniciarme en esta afición afectado de esa inocencia de la juventud, y, dejando que el sentimiento de grupo impidiera el paso a cualquier autocrítica, pensar que la gente con la que la compartía tenía que ser la mejor y llena de buenos sentimientos e intenciones. Luego el tiempo te pone en tu lugar y has de admitir que imbéciles hay en todas partes cuando tratas con tramposos que falsean sus datos, soberbios que prefieren humillar al ignorante antes que enseñar y acémilas que no muestran curiosidad e interés y que parecen estar allí sólo porque no tenían otra cosa que hacer. La naturaleza humana es compleja y en muchas ocasiones nos sentimos como ese Marek que no entiende a esos alemanes que componen música hermosa y aman a los pájaros mientras amplían las instalaciones del campo de concentración. Y quién sabe si en ocasiones no habremos sido el guarda de las SS, abstraídos en aquello que consideramos lo único que merece la pena y ajenos al dolor
Sobre estos y otros temas nos hace reflexionar un libro que se lee con comodidad, aunque tenga un ritmo un poco repetitivo en algunos momentos. A destacar que, a diferencia de lo que suele ser habitual, los nombres de las aves están bien traducidos y siguen la lista de SEObirdlife. No se puede decir lo mismo de la portada escogida para estas primeras ediciones de Salamandra donde una lámina del Handbook of the Birds of the World nos muestra una esplendida colección de limícolas que difícilmente veríamos en Polonia